Historia
Historias Pineras

José Martí , sus valores y la generación del centenario.


Por: Roberto Díaz Martorell

Cuando el 26 de julio de 1953 un grupo de jóvenes revolucionarios cubanos liderados por Fidel Castro asaltaron los cuarteles Moncada, en Santiago de Cuba y Carlos Manuel de Céspedes, en Bayamo, estaban iluminados por las ideas de José Martí.
Al ser enjuiciado por aquellos sucesos, el hoy Comandante en Jefe expresó:
“Parecía que el Apóstol iba a morir en el año de su centenario, que su memoria se extinguiría para siempre, ¡tanta era la afrenta! Pero vive, no ha muerto, su pueblo es rebelde, su pueblo es digno, su pueblo su fiel a su recuerdo; hay cubanos que han caído defendiendo sus doctrinas, hay jóvenes que en magnífico desagravio vinieron a morir junto a su tumba, a darle su sangre y su vida para que él siga viviendo en el alma de la patria. ¡Cuba, qué sería de ti si hubieras dejado morir a tu Apóstol!

El pensamiento martiano no solo caló en el corazón de los que reiniciaron las luchas por la independencia de Cuba en febrero de 1895; su esencia trascendió los límites del tiempo y son fuente inagotable de valores patrióticos, revolucionarios, de justicia y de dignidad humana, primero, para aquellos que prefirieron morir sin Patria pero sin amo. Hoy, constituyen la base fundamental que sustenta la actual Batalla de Ideas que libra el pueblo cubano en su afán por defender las conquistas de la Revolución.

Para los jóvenes de la Generación del Centenario existía una razón muy poderosa, eran cubanos y eso implicaba un deber, no cumplirlo era un crimen y traición. Inspirados en las enseñanzas de los próceres de la guerra de independencia, hicieron suya la responsabilidad de liberar la Patria y fieles al legado de Céspedes, Agramonte, Maceo, Gómez y Martí, emprendieron el camino haciendo realidad las palabras del Titán de Bronce cuando dijo que la libertad no se mendiga, sino que se conquista con el filo del machete.

El asalto a los cuarteles Moncada y Carlos Manuel de Céspedes el 26 de Julio de 1953 marcó el inicio de la nueva estrategia de lucha revolucionaria. Luego vino el Presidio Modelo donde se fraguó, en silencio como proclamó el Apóstol, la ideología necesaria y los valores para continuar la batalla. No se puede hablar de la historia de Cuba y de América sin mencionar a Martí, no puede hablarse de libertad y conceptos o categorías tales como cultura, hermandad, amistad, honor, patria y justicia, sin mencionar su nombre.

A través de toda su obra literaria nos enseñó a pensar que la libertad es tan indispensable como la vida misma, “Un hombre que se conforma con obedecer a leyes injustas, y permite que pisen el país en que nació los hombres que se lo maltratan, no es un hombre honrado” y la actitud de cada hombre debe tener luz y decencia, “En el mundo ha de haber cierta cantidad de decoro, como ha de haber cierta cantidad de luz. Cuando hay muchos hombres sin decoro, hay siempre otros que tienen en sí el decoro de muchos hombres”, esos fueron los que se rebelaron contra los que pretendían robar la libertad de Cuba y son hoy los que la defendemos desde nuestros puestos de combate.

Tan grande fue el sentido ético de José Martí que bajo ese hermosa frase de Patria es Humanidad, nos legó una divisa realmente solidaria y justiciera. Sin dudas él fue el mejor hombre americano de su época, de inteligencia soberana siempre usó ese don para hacer de los pueblos de América independientes y libres. Fidel lo consideró en el juicio por los sucesos del Moncada como el Autor Intelectual de esa gesta que encendió la lucha contra la dictadura y la conquista de una república moral como la que soñó el maestro.

Por eso, las generaciones actuales nos sentimos satisfechos por poder contar con el legado de valores patrióticos, de dignidad y de justicia de Martí, que hacen del hoy, una esperanza para un nuevo amanecer de todos los pueblos de América.